Algunos gallos de la ciudad feliz
se ríen
de mí se ríen, apostados en la afonía del amor.
Y aún durmiendo ríen
ríen con su torta de excrementos, pisando fuerte mi bastión.
Pero desprendida de su trono
una de mis fantasías
abre el candado de ésta noche de sospecha
de ésta noche, de verdad y de dolor.
Y descubre que tú
que tú me robaste ¡todo!
del corazón... cruelmente todo.
¡No me amas!...
y que tarde siento el silencio
del vacío que me invade.
Ya no rían... ¡No rían más!
detestables gallos... no rían más...
no se rían...
ya no...
ya
lo
sé.
.
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)

No hay comentarios:
Publicar un comentario